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Un Juzgado de Guardia

El ocre claro se asomaba a las hojas de los árboles centenarios que custodian el edificio judicial, cuando el sonido inconfundible del correo electrónico hizo que girara la cabeza.

La oficina judicial del Decano remitía al Letrado de la Administración de Justicia, el calendario de las guardias del próximo año.  Enseguida se puso a resaltar -en el pdf- los tres días de guardia que correspondían al Juzgado para Juicios de Delitos Leves Inmediatos, Guardia de Detenidos y Guardia de Diligencias.

Hay 6 grupos de partidos judiciales en España para hacer frente a las guardias de los Juzgados de Instrucción. El más numeroso -y de los que menos cobran ¡ay!-, el que agrupa a los Juzgados de Instrucción que hacen guardias de 8 días seguidos.  De esas, hizo muchas en su primer destino. La boca se le llena de hiel cuando piensa que siguen sin cumplirse las viejas reivindicaciones en relación a las mismas. Sale a la Oficina Judicial para anunciar a los Gestores, Tramitadores y Auxiliadores la llegada del calendario, después lo compartió en la red informática del Juzgado. Todo el mundo tenía que organizarse.

 

Los días de Juicios de Delitos Leves Inmediatos suelen comenzar con un ir y venir de ciudadanos que buscan la Sala donde han sido citados.  Puede que los asuntos que se enjuician tenga escasa enjundia penal, pero para los afectados son muy relevantes. El ciudadano amenazado, agredido o al que le han hurtado el móvil, espera que le reparen la ofensa padecida;  el que ha sido denunciado, reclama que crean en su inocencia; y los testigos se aclaran la voz con el deseo de que oigan su relato decisivo.

La Sala es moderna, amplia y con sistema de videograbación. En los estrados encontrarán acomodo, los abogados, el Ministerio Fiscal, la Juez y el Letrado de la Administración de Justicia que, con su fe publica, garantizará que lo ocurrido queda debidamente documentado para seguridad de los intervinientes y posibles recursos ulteriores.  El Auxilio Judicial, a viva voz, llama al primer denunciante. Cuando están todos sentados, son ya más de las diez de la mañana. Hasta las dos de la tarde les quedan muchas historias que presenciar.

El día siguiente corresponde a la Guardia de Detenidos.  El Juzgado se traslada a las dependencias -en el sótano- que el edificio tiene destinada para esta actividad.  La mayoría de los Juzgados españoles tienen menos suerte y deben prestar el servicio de Guardia en las mismas oficinas donde trabajan a diario.   

Antes de que sean las nueve y media, dos Policías Nacionales traen varios sobres sepia con los atestados por duplicado. Dieciséis detenidos que son puestos a disposición del Juzgado de Guardia.  Sus delitos son variados. Seguridad del tráfico, un robo violento, hurtos, falsedad documental, varias estafas, dos de violencia doméstica y una salud pública por hachís. Enseguida, el complicado engranaje de la Oficina Judicial, se pone en marcha.  Hay que estudiar los atestados entre la Juez y el Letrado de la Administración de Justicia para decidir que tipo de procedimiento se incoarán con ellos y las diligencias a realizar.

El objetivo es tramitar el máximo numero de Juicios Rápidos, pero no siempre la pena o la complejidad del asunto lo permitirán.  Así que algunos Procedimientos Abreviados se incoan. Incluso uno de los hurtos, después de tasarse el móvil en 350 euros, se convierte en Juicio de Delito Leve Inmediato. Parece que será una jornada en la que el Letrado Judicial desplegará casi todas las funciones que la Lecrim les atribuye en este tipo de guardias.

Tras las instrucciones iniciales sobre el reparto de procedimientos entre los 8 funcionarios del Juzgado, se le va el día informado de sus derechos a los detenidos, víctimas y perjudicados. Dictando las instrucciones necesarias para que se facilite a los abogados de los detenidos copia del atestado y se proceda a citar a cuantas personas sea preciso oír en declaración. Señalando día y hora para la celebración de los juicios y acordando la remisión de los  procedimientos a los Juzgados de lo Penal. Y, por supuesto, documentando con fe publica judicial las declaraciones judiciales de las diligencias urgentes y vista del juicio rápido -con conformidad- que celebran.

También debe documentar, de igual forma, una prueba anticipada de un canadiense al que le han dado un tirón de su mochila y debe irse a su país en tres días. Sin apenas darse cuenta, son casi las tres de la tarde; hay que parar a comer. Por la tarde, sobre las cinco, la Guardia Civil se presenta con tres atestados más y cinco detenido. Uno en relación a una agresión sexual. Vuelta a empezar, impartiendo las instrucciones precisas para que la víctima de este último delito no tenga que confrontarse con su posible agresor y sea informada -con todo detalle- de los derechos que le asisten.  

Necesita que le hagan sentir que el Juzgado de Guardia está para ayudarla. Son las 22,15 horas cuando, con una Tramitadora y un Auxilio, el Letrado de Justicia sale a la clara luz de la noche invernal. Antes debió asegurarse que dos actuaciones muy relevantes se han llevado a cabo. La primera, el cumplimiento de todos los mandamientos de libertad firmados por él y que el Auxiliador ha trasladado a la prisión del partido judicial. Los presos han salido como se ordenó. La segunda, que la orden de alejamiento dictada en un procedimiento de violencia de género que entró a última hora, ha sido notificada a la mujer maltratada, al investigado y está anotada en el Siraj.

 

A las nueve de la mañana comienza el último día de la Guardia de Incidencias.  Serán 24 horas trepidantes en las que cualquier asunto puede alterar la normalidad.  En su mesa, el Letrado Judicial encuentra un buen montón de atestados sin detenidos, además de 20 denuncias presentadas directamente ante el Juzgado y varias querellas.  Tras cribar los que debe minutar la Juez y hacer lo propio con el resto, recibe a una Inspectora de Policía Nacional. Anuncia que, en poco más de media hora, traerá en mano un exhorto para practicar tres entradas y registros.  Como se organizan los mismos en la Oficina Judicial y las actuaciones y resultado de esos registros se merecen un post exclusivo. Solo dejo consignado aquí que el Letrado de la Administración de Justicia termina con ellos a las siete de la tarde.

El Juzgado de Guardia ha seguido funcionando, pero en su despacho le esperan todos los procedimientos tramitados.  Empieza con la firma electrónica y control de las actas videograbadas de varias comparecencias para decidir sobre el internamiento de dos subsaharianos, así como con sus dos apoderamientos apud acta realizados con el sistema APODERA. Sigue con el control y firma de la preinscripción de 6 SIRAJ realizadas por los funcionarios del Juzgado, en relación a las Buscas y Capturas de otros tantos detenidos, que han pasado a disposición del Juzgado para distintas actuaciones.  

La firma de 3 oficios, autorizando el traslado de 3 cadáveres a la Clínica Forense y dos más para que la familia pueda proceder al entierro de sus deudos, cierra el capítulo de firma pendiente y urgente. Lejos quedan -año 2003- las guardias en las que había que acudir a los levantamientos de cadáveres. Por último, celebra la comparecencia de constitución de una fianza carcelaria con un joven abogado. Lleva el resguardo de ingreso -en la Cuenta de Depósitos Judicial- de los 5000 euros que le exige un Juzgado madrileño a su cliente, para ser puesto en libertad. El exhorto en que se informa de la actuación, está registrado. El abogado se declara fiador,  el Tramitador termina de rellenar el acta en el ordenador, según le va dictando, y, al fin, la imprime para ser firmada.

 

Son las 9 de la noche cuando la Tramitadora entra al despacho del Letrado Judicial. Trae una petición de Habeas Corpus.  La acaba de remitir, vía Lexnet, la Guardia Civil. Hay que incoar el correspondiente procedimiento. A los Letrados de Justicia les corresponde controlar su correcta tramitación; con especial atención a que la notificación del auto que le ponga término se realiza.  A las once está concluido y el Juzgado recupera la calma. Hoy no hubo petición de extracción de órganos, ni recursos contra la expulsión de extranjeros. Solo tres funcionarios y el Letrado de la Administración de Justicia quedan por el Juzgado silencioso. Habrá que esperar a las 9 de la mañana siguiente, para que un compañero tome el relevo de un servicio público que nunca cesa.

 

Alfredo Martínez Guerrero

Letrado de la Administración de Justicia

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