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Diario de un Letrado en Estado de Alarma: mientras quede en pie un solo Letrado de la Administración de Justicia

Podría empezar esta crónica con aquello de “basado en hechos reales”, pero a estas alturas creo que todos tenemos ya suficientemente claro, demasiado, que la realidad puede superar con creces a la ficción.

Sea como fuere, mi pequeña intrahistoria es la siguiente: estando destinado en un Juzgado de Primera Instancia de partido judicial mediano, Torrent, hoy he ido a cubrir mi turno de servicios esenciales. A tal efecto hemos fijado un turno rotatorio entre los compañeros de civil que implica ir un día de cada cinco, pues una buena compañera no pudo sumarse por estar en situación de riesgo. Algo en principio liviano y aceptable, un mínimo sacrificio. En cualquier caso, nada que ver con el denodado y encomiable esfuerzo que están haciendo estos días los compañeros de los Juzgados de instrucción, verdaderos héroes anónimos, a la altura de otros colectivos tan aplaudidos, ya que han de cubrir sus respectivas guardias semanales y en condiciones muchas más arduas y complejas.

Pues bien, a punto de pasar página del día con la sensación del deber cumplido, acaba de escribir un compañero de Primera Instancia en el grupo de whatsapp que compartimos para comunicar que lamentablemente va a caer del turno de permanencia. Al menos no es por el dichoso y temido coronavirus, sino por otro problema médico sobrevenido. Con él ya son dos los integrantes del turno que por motivos de salud no puede arrimar el hombro como ellos querrían. Quedamos cuatro de seis, pero quién sabe qué puede ocurrir mañana. Tengo la sensación de que el agua cada vez se aproxima más al punto de contención y amenaza con desbordarse con efectos que nos superan, pues cada día de este estado de alarma nos adentramos en el terreno de lo desconocido e ignoto. Y esto no ha hecho más que empezar…

Pero pasado el disgusto por el mayor sacrificio que esa circunstancia me va a comportar, que dura tan solo un breve instante, y que se sustenta en ese egoísmo intrínseco que todo ser humano alberga en su interior, me rehago. Y pienso que Javier, el compañero que ha caído, seguro que habría hecho lo mismo si me hubiese pasado a mi, sin dudarlo ni un solo instante. E igual Belén, David o Fernando. Se trata de un reto, uno más,de los que nos plantea el momento tan duro que nos está tocando vivir. Volveré, pues, a la trinchera con más frecuencia, con miedo, no lo niego, viendo al ladino virus en cada esquina, en cada rincón. Pero me sobrepondré seguro a ese temor y pondré todo lo que esté en mi mano, lo mejor de mí, para que los Juzgados de Torrent sigan funcionando de la mejor manera posible. Porque debe ser así, y así será, mientras quede en pie un solo Letrado de la Administración de Justicia. Como en las películas del oeste o bélicas que tanto me gusta ver con mi padre. Porque no podemos fallar a esta sociedad nuestra que está demostrando que es capaz de lo mejor, de soportar con templanza y serenidad los más duros designios del destino. Y también por ti, querido Javier, esperando que más pronto que tarde nos volvamos a reencontrar en esos animados cafés del partido judicial de Torrent.

 

Fdo. Jaime Font de Mora

Letrado de la Administración de Justicia

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