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¿Y ahora cómo lo hago? Capítulo III

Llega una bonita mañana de lunes Severo a su juzgado con más alegría de la habitual pues ha pasado el fin de semana de escapada con los antiguos compañeros de la facultad y eso siempre recarga pilas; y encuentra a uno de sus gestores muy enfadado; sorprendido, le hace pasar al despacho.

Severo entra detrás de él y cierra la puerta, lo hace sentarse antes de preguntarle qué le pasa, pues recuerda una clase de coaching que le dieron en el CEJ en el que la tutora, una mujer con muchos años ya en el Cuerpo, insistía en que hay que crear un clima de confianza antes de abordar este tipo de situaciones. En ese momento duda, si tratarle de usted o de tú, por aquello de la confianza. Al final decide lanzarse con el tú y evitar más segundos de desagradable silencio.

Hombre Paco, pero ¿qué te pasa, si no son ni las 10 de la mañana?

Severo, pues verá usted

(vaya, quizá debía de haber seguido con el usted)

¿Recuerda los testimonios que había que hacer para dejarlos en las cajas de las requisitorias antes de enviar la causa de los presos a la Audiencia Provincial para enjuiciamiento?

Claro, si lo estuvimos comentando hace tres semanas, sólo faltaba que la auxilio los hiciera para poder elevar la causa.

Pues llevo, desde entonces detrás de ella y no hay manera de que los haga, pero es que además ya no coge ni el teléfono, dice que está muy ocupada y que si total ha de rebotarnos la llamada, que la recuperemos cualquiera de nosotros. Así, señoría, es imposible avanzar en la tramitación de las causas si cada cinco minutos tenemos que coger el teléfono no hay quién siga el hilo de la minuta.

Paco, no te preocupes. Hablaré con ella.

Paco vuelve a su mesa y Severo decide comentar la situación con el juez a ver si ha detectado alguna otra anomalía antes de hablar con Antonia, la auxilio.

Al trasladarle todo lo que le ha comentado Paco, el juez le contesta, que no le sorprende en absoluto, pues lleva más de 30 años en la misma silla y no es capaz ni de escanear a color, ni de poner en marcha el sistema de grabación en la sala de vistas, ni de tratar con el debido respeto a los justiciables en los juicios.

Severo devastado, pues la funcionaria en cuestión siempre había sido muy agradable con él, no sabe cómo abordar la situación.

 

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