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Confidencias de un Letrado de Justicia. Capitulo 1: La antesala del primer día

El protagonista de esta historia se llama Severo.  Su profesión es la de Letrado de la Administración de Justicia. Tiene 27 años y acaba de salir del Centro de Estudios Jurídicos con su flamante carnet que le acredita como autoridad en el ejercicio de sus funciones.  Mañana empieza a trabajar en su primer destino: un juzgado mixto de la costa mediterránea.

Está bastante inquieto. Después de tanto estudio, tantas clases teóricas en el Centro de Estudios y las prácticas tuteladas, llegó el momento de la verdad.  En la Oficina Judicial de tercera categoría, -bueno, Severo, por cortesía del Ministerio de Justicia, no tiene ni categoría profesional aún- le esperan tres frentes: los expedientes y todos los problemas jurídicos que le presentarán.  El juez también es novato como él, pero tiene algo de ventaja: ya lleva 3 meses en el destino. Los funcionarios de la Oficina: en teoría debían ser 2 gestores, 4 tramitadores y 2 auxilios, pero hay un tramitador y un auxilio de baja, sin cubrir, así que solo le esperan 12 pares de ojos dispuestos a ver…

En la escuela, le dio clases una letrada judicial con mas de 10 años de experiencia.  No solo sabía de Derecho. Lo que más apreció en ella era su trato asequible y su disposición con todos para compartir experiencias prácticas. Al terminar el curso les dio su número de móvil,  por si alguien quería contactar con ella.  Debería ser, eso sí, por medio de Whatsapp  -quería evitar la intromisión directa de una llamada telefónica-.  Tras mucho pensarlo, Severo,  buscó a Fortunata en su lista de contactos.  El hubiera preferido Telegram, de seguridad incomparable. Pero eran pocos los que, de momento, daban importancia a esta circunstancia. Ingenuos.   

La encontró enseguida.  Se armó de valor y le mandó el primer mensaje:  

Severo sintió algo de tranquilidad en sus tribulaciones. Le hubiera gustado que la voz grave de Fortunata hubiera sido la que transmitía esos consejos pero era ella la que impuso las reglas de la comunicación. Se despidieron con algunas frases de cortesía y se sentó frente a la ventana para meditar. Sí, seguiría esos buenos consejos en los próximos días, si era capaz de recordarlos con tantos nervios.

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