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Confidencias de un Letrado de Justicia. Capitulo 10: Los que entran por los que salen

Confidencias de un Letrado de Justicia. Capitulo 10: Los que entran por los que salen

El comité de festejos del Juzgado trajo los menús a mediados de noviembre. Ese año, la comida de navidad serviría también para despedir a Carlos, el Juez del Juzgado de Severo. Cambiaba de destino por motivos personales, dijo a todos. Una tarde quedaron para hablar. Se lo confesó mientras apuraban el primer Jack Daniels y encendían unos Davidoff.  

– No me van bien las cosas con mi pareja. Andrés lleva dos o tres meses  que apenas lo reconozco.  Eso cuando puedo verlo, lo que cada vez resulta mas complicado. 

Le dijo a Severo, mientras  expulsaba alguna voluta de humo. 

– Las relaciones de pareja son, quizás, la cosa más complicada a la que nos enfrentamos los adultos, Carlos.  Dale espacio; agobiarlo en estos casos es la peor estrategia. 

Siguieron hablando hasta pasadas las 10 de la noche. No arreglaron nada pero el ánimo de los dos se confortó. Ambos llegaron bastante perjudicados a sus casas. Ambos durmieron solos esa noche, ambos en lugares que ya conocían. 

La comida navideña sería concurrida. La gran mayoría de los que trabajaban en los tres Juzgados estaban confirmando la asistencia; buena parte de la curia, también.  Después de muchos tira y aflojas se decidieron por un restaurante que tenía un salón de muy buen ver, anteponiendo el lugar a la carta. Al final, en esos acontecimientos, la calidad de la comida no era lo más relevante y criticar iban a hacerlo de todas formas. Encargaron a Selene y a Nuria, sus dos compañeras juezas, la compra de una pluma Mont Blanc. De  las palabras de despedida se iba a ocupar Severo, todo estaba en marcha.

La barra del bar, antesala del restaurante, estaba a rebosar. Las cervezas y los vino pasaban de mano en mano, mientras daban las tres, hora pactada para entrar al salón. No había reservas ni distribución en las mesas, con la sola excepción de la principal. Allí  estarían, Carlos el Juez a despedir, los Letrados Judiciales, las otras dos Juezas, el Decano de Abogados, el de los Procuradores, el Notario y el Registrador, el Comandante de la Guardia Civil y el Comisario de la Policía Nacional.  El Alcalde excusó su asistencia un par de días antes. Severo no las tenía todas consigo con tan granada concurrencia. 

A las tres y cinco se produjo la estampida. La gente se apresuró a coger sitio. Severo se entretuvo, con una llamada telefónica. Estuvo a punto de no cogerla, casi nunca lo hacía si no conocía el número. El caso es que cayó en la tentación, sí, dígame…

–  Hola, eres Severo? Me llamo Gertrudis. Soy la nueva Juez de tu Juzgado. Me acaban de comunicar en el Consejo que me lo han concedido. No sabes las ganas que tenía de que me lo dieran, me han hablado muy bien del Juzgado en general y de ti en particular…

Comentaba Gertrudis

– Habladurías, dijo Severo

Pero ya no pudo volver a decir nada más. Gertudris tomó la palabra y no la soltó hasta que Severo se despidió como pudo.

Se dirigió a la mesa con el ánimo bajo. La nueva juez, se temía, tenía poco que ver con el amigo que iba a despedir. Pero si apenas le dejó decir una frase…¡los dioses me asistan! farfulló.

Cuando llegó a la mesa, su silla era la única desocupada.  A la derecha estaba Carlos, charlando con su pareja Andrés, parecían recompuestos. A la izquierda una mujer de unos treinta años, pelo oscuro, ojos enormes y grises, le sonría.  

–  Soy Rebeca. Acabo de aterrizar en la ciudad. Voy a ser la nueva Comisario de la Policía Nacional.

No se me ocurrió un lugar mejor al que venir para conocer a todo el mundo a la vez… creyó entender Severo, medio hipnotizado.

La comida fue muy divertida. Conversaciones chispeantes, buenos vinos y platos más que aceptables. Se le pasó sin darse cuenta. Alguna confidencia con Carlos, toda su atención se escoró a la izquierda. Rebeca era inteligente, algo descreída y muy sarcástica, casi corrosiva. Tuvo que esforzarse mucho para seguir su conversación y sus bromas.  Cuando llegó la hora de los discursos, Rebeca le cogió del brazo para animarlo. Todo el mundo dijo lo esperado en tales circunstancias. Brindis y algunas lágrimas. Después de la primera copa, la comisaría se retiro, no sin antes darle un par de besos y susurrarle al oído que esperaba volver a verlo pronto. La fiesta terminó al día siguiente. Al despedirse el pequeño grupo de los desayunos, todos abrazaron a Carlos, y se conjuraron para verse una vez al mes, por lo menos.

Al acostarse, con las primeras luces, Severo no pudo dormir. Se enredaba en pensamientos que parecían fogonazos de su primer año como Letrado de Justicia. Un año celebrando juicios, bodas, registros e inspecciones. Minutando demandas, organizando grupos de personas y redactando resoluciones. Estaba aprendiendo a manejar las entrañas de un órgano judicial. Todo iba a una velocidad incontrolable. Intuía que debía prepararse para la salida de personas importantes en su vida. Y sabía qué otras preparaban su entrada. Lo que no podía adivinar es como afectaría… 

Confidencias de un Letrado de Justicia

Confidencias de un Letrado de Justicia, la serie

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